El fantástico francés

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El cine fantástico francés o ver el cine como no es. Aunque nos podíamos remontar a los inicios del cine con Melies, el cine fantástico francés empezó siendo  una necesidad en el cine francés de ocupación para convertirse en una corriente de gran importancia y que ha dejado grandes huellas en la historia del cine francés y por supuesto mundial. Los grandes autores franceses cuya filmografía no se podría catalogar como fantástica lo utilizaron y dejaron su marca.

Como dice el crítico Juan Cueto: “Son propuestas del género pero que respetan las inquietudes del cine de autor“. Y es que la fusión de estas dos características -la cualidad de cine destinado a un público amplio, casi comercial, unido a la huella profunda del autor que imprime un estilo reconocible en la cinta- es uno de los aspectos que dota a este género de personalidad propia. El motivo principal por el que la cinematográfica francesa en este y otros géneros es tan consistente hay que buscarlo en el profundo arraigo que en sus filmes encuentran referentes culturales propios: desde la literatura de Balzac o Apollinaire hasta el villano Fantômas, pasando por el folletín o el surrealismo de Breton. Toda la tradición cultural francesa alimenta las creaciones de los cineastas fantásticos como sustrato que ha permitido una regularidad en el género.

La Cinemateca dedica una primera entrega al  cine fantástico francés con la presencia de esos grandes nombres de la historia del cine: L’Herbier, Cocteau, Franju y tres, más que significativas, obras del “genero”. Ojos sin nombre (1960), La noche fantástica (1942) y La Bella y la Bestia (1946).

La primera proyección, viernes 10 de febrero a las 20 h será Ojos sin nombre (1960), de Georges Franju. En la intimidad de su villa a las afueras de París, el reputado cirujano Génessier (Pierre Brasseur) se consagra a macabros experimentos, ayudado por su fiel secretaria (Alida Valli). Su intención es efectuar con éxito un procedimiento revolucionario: un trasplante completo de rostro. El doctor pretende restaurar la belleza perdida de su hija Christiane (Edith Scob), terriblemente desfigurada en un accidente de coche, empleando a muchachas secuestradas como donantes involuntarias.

Este es el argumento de Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1960), uno de los trabajos más provocadores a la vez que líricos del director francés Georges Franju. Tremendamente personal e intimista, vapuleada por la crítica en el momento de su estreno y posteriormente considerada un clásico de culto, la película lleva a la pantalla una novela de Jean Redon, con guion elaborado por el propio escritor en colaboración con Pierre Boileau, Thomas Narcejac, Claude Sautet y Pierre Gascar.

El fantástico francés

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