Nota de prensa. Programación de La Cinemateca. 23 y 24 de febrero

 

Continua el ciclo ¡Que Viva Italia! que pretende hacer un recorrido por la historia de Italia. Allonsanfan  (Paolo y Vittorio Taviani, 1973) (jueves 23 de febrero, 20 h). La película esta inspirada en la Italia de 1816. Los  últimos  revolucionarios,  miembros  de  la  secta  secreta  de  los Hermanos  Sublimes,  intentan  resistir.  Uno  de  ellos,  Fulvio,  perseguido  por  la  policía, piensa en la posibilidad de una nueva vida. La película nos muestra la falta de unidad de los revolucionarios, que luchan incansables por lo que, para muchos, era una causa perdida. Fulvio, dejando entrever su moralidad débil, renuncia a sus ideales y se resigna, acepta que Italia esté sometida, y opta por lo que para muchos, es el camino fácil, es decir, abandona la lucha.Finalmente se demuestra que luchar y sacrificarse tiene su recompensa; en 1820 una revolución, provocada por los Carbonarios, obliga al rey de Nápoles a conceder una Constitución Liberal.La película muestra una parte muy concreta de los movimientos  revolucionarios, siendo el eje de la película la vida de un “traidor”.

Una joya de la filmografía de los hermanos Taviani. Aunque no tan conocida como Padre padrone o La noche de San Lorenzo, no tiene nada que envidiarles en plasticidad, profundidad psicológica de los personajes y aguda visión de una época. Protagonizada por Marcello Mastroiani y Lea Massari con música de Ennio Morricone

La jornada del viernes estará dedicada al cine galo, con la colaboración del Institut français d’Espagne (Sevilla). Lelouch y Assayas son los protagonistas

El dorado (2008), de Olivier Assayas (Viernes 24 de febrero, 18 h), el espectador se encuentra  ante una película acerca de una puesta en escena de danza, basada a su vez en una pieza de música. Este documental relata los esfuerzos del Ballet Preljocaj por montar la coreografía de una obra del icono de la música del siglo XXI Karlheinz Stockhausen. Filmada durante los ensayos de la compañía de danza, esta cinta muestra el diálogo entre tres distintas formas de arte y delata, así, el ineludible deseo del ser humano de traducir la melodía a gesto, el gesto a imagen.

Claude Lelouch, conocido por pertenecer a la generación de la Nueva Ola francesa y por filmar una de las películas más taquilleras del cine galo de los años sesenta (Un hombre y una mujer, 1966), dirige Roman Gare (Viernes 24 de febero, 19.45 h) el título original (Roman de gare) se refiere a las novelas light o best sellers apropiadas para leerse en la estación o durante un viaje en tren o en avión, narra una historia con muchas aristas y tramas. Aparecen en escena diferentes personajes: una novelista exitosa, su “negro”, como se llama en la jerga literaria y periodística de algunos países a un escritor fantasma, es decir aquél que escribe discursos o textos que serán publicados o pronunciados por otra persona, un asesino violador y pedófilo prófugo de una prisión, así como una joven estilista abandonada por su novio, todos ellos sin aparentes puntos en común, pero cuyos destinos se cruzan formando una sola historia. De entrada, la exitosa novelista Judith Ralitzer (Fanny Ardant) es interrogada en una comisaría de policía acerca de la desaparición de su “negro”. Un maestro de preparatoria desaparece sin dejar rastro dejando a su esposa e hijos a la deriva. La estilista, Hughette (Audrey Dana), es abandonada en una gasolinera de autopista por su novio Paul mientras se dirigían a visitar a la familia de ella que vive en el campo. Un misterioso hombre (Dominique Pinon) le ofrece a Hughette llevarla en su auto y ella lo invita a asumir la identidad de Paul durante 24 horas para no decepcionar a su madre, quien ansiosamente espera conocer al prometido de su hija.

Claude Lelouch realiza películas desde hace medio siglo, pero muchos lo han desdeñado luego del enorme éxito que tuvo con Un hombre y una mujer (1966), un melodrama romántico ganador de Cannes y el Oscar a la mejor cinta extranjera. Y es cierto que este director es proclive a los cuentos ligeros y a las historias de amor, así como al cine popular y de gran presupuesto, pero al tiempo puede hacer un cine más personal, modesto y profundo.

Esta película es un ejemplo de esa versatilidad, porque puede ser vista como un inquietante relato de misterio (a la manera francesa, por supuesto, es decir, con sutileza y sin los efectismos de Hollywood para este tipo de historias) y, al mismo tiempo, como un juego intelectual con el concepto de ficción, así como una reflexión sobre la búsqueda de la identidad y del amor.


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