Henri-Georges Clouzot

(Niort, 1907 – París, 1977) Sus comienzos fueron bastante azarosos, puesto que su irrupción en el cine se debió a la simple necesidad de encontrar un trabajo más o menos estable y bien remunerado. Tras estudiar Matemáticas y Derecho intentó ver cumplida su verdadera vocación, que era la de convertirse en marino, pero no pudo entrar en la Escuela Naval de Brest a causa de su miopía.

En 1928, y después de haber buscado sin mucho entusiasmo la manera de integrarse en la carrera diplomática, logra trabajar de periodista en una revista de cine y como secretario particular del célebre músico René Dorin, para quien acabará componiendo numerosas letras de canciones. Apenas dos años más tarde, en plena aparición triunfal del cine sonoro, Clouzot fue fichado junto a otras muchas personas provenientes de la escena teatral para convertirse en adaptador de guiones y director de diálogos de las dobles versiones idiomáticas en francés que se hacían de precedentes éxitos cinematográficos en alemán o inglés.

Su temprano debut como director se produjo en 1931 con el cortometraje Le Terreur des Batignolles, pero el deseo de montar una opereta y una grave enfermedad, que le llevó a estar recluido en un sanatorio durante bastante tiempo, le mantuvieron alejado de la realización por espacio de una década. En 1942, aprovechando que el cine francés atravesaba por una seria crisis como consecuencia de la huida de numerosos directores al extranjero, volvió a ponerse detrás de las cámaras para filmar El asesino habita en el 21 (L’assassin habite… au 21, 1942), una sorprendente película policiaca cuyo éxito contribuyó a su afianzamiento como realizador.

Pero fue El Cuervo (Le Corbeau, 1953) el largometraje que, para bien y para mal, marcó de forma indeleble la parte inicial de su carrera. Partiendo de un hecho verídico (el envío de cartas anónimas a los habitantes de un pequeño pueblo y la agitación social que este hecho provoca), Clouzot desplegaba toda su capacidad para adentrarse en la psicología de los personajes, creando un perfecto mecanismo de intriga. Magnífica muestra del cine de suspense, este film le supuso en cambio que el director se viera apartado de la profesión varios años por las acusaciones de colaboracionista con el régimen nazi de Adolf Hitler. Su vuelta sería por la puerta grande con En legítima defensa, relato de un sórdido crimen, obra maestra del cine de intriga psicológica, en el que las conductas humanas son analizadas con lupa. Este largometraje devolvió a Clouzot a la primera línea como director.

Sincero admirador del surrealismo, sobre el que tuvo ocasión de escribir durante su etapa como periodista, los elogios le serían devueltos por personalidades de la talla de Luis Buñuel tras Manon (1949), historia de un amor que va más allá de la propia realidad hasta negar incluso la muerte. El encadenamiento de obras geniales tendrá continuación con El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953), donde se describía con amargos tonos la peripecia vital de tres hombres unidos por el transporte de un peligroso explosivo que amenaza sus vidas, a cambio de un sueldo miserable.

Este filme lanzó su nombre a escala internacional, incluyendo Estados Unidos, donde pasó a ser considerado como el Alfred Hitchcock francés. En ese sentido, Las diabólicas ( Les diaboliques, 1955)  vendría a apuntalar su fama de cineasta magníficamente dotado para adentrarse en las profundidades de la psicología humana, con el añadido de una batería de golpes de efecto que crearían escuela y que se encuentran en la base del más moderno thriller contemporáneo.

En una nueva vuelta de tuerca sobre atmósferas turbias, crímenes sin esclarecer y comportamientos irracionales del individuo que tienen su explicación en lo más profundo de nuestra psicología, Los espías acababa desembocando en un universo del absurdo donde la realidad se integra con perfecta naturalidad. El misterio Picasso (Le mystère Picasso, 1956), documental sobre el pintor malagueño, suponía un respiro en la carrera de Clouzot, al tiempo que una profundización en su línea de trabajo consistente en explorar los más recónditos pliegues de la personalidad humana.

La verdad (La vérité, 1960), cuyo reparto estaba encabezado por Brigitte Bardot, marcó el punto de inflexión en su carrera: los tiempos estaban cambiando, la juventud demandaba historias cercanas a sus intereses y Clouzot era un realizador demasiado próximo a lo que se consideraba, sin mucho criterio ni conocimiento, como clasicismo. A pesar de ello, ganó el Oscar de Hollywood a la mejor película en lengua no inglesa, al igual que antes se había alzado con innumerables premios internacionales como el del Festival de Venecia, por En legítima defensa y el de Cannes por El salario del miedo.

Cada vez más apartado de la profesión, sufrió un golpe definitivo con L’Enfer, proyecto inacabado que años más tarde retomaría Claude Chabrol con el mismo título, y donde pretendía reflejar hasta qué extremos pueden llevarnos enfermedades patológicas como los celos. A partir de ahí Henri-Georges Clouzot empezó su particular travesía del desierto, como los personajes de Manon (1949), a la búsqueda de un sitio en la posteridad.

Pocos realizadores cinematográficos a lo largo de la historia han gozado de tanto éxito de público y crítica cuando estaban vivos y de tanto olvido nada más producirse su fallecimiento. Desde la década de los setenta la figura de Henri-Georges Clouzot fue oscureciéndose básicamente por motivos políticos e ideológicos, a causa de sus presuntos coqueteos con la Alemania nazi durante la ocupación de Francia, y sin que en ese declive jugasen un papel significativo factores de calidad artística. Antes al contrario, la obra fílmica de Clouzot se erige como una de las más sugerentes del cine mundial, mezcla de clasicismo y vanguardia, y merecedora de estudios que en los últimos lustros brillan por su ausencia.

Filmografía: La terreur des Batignolles (1931). Caprice de princesse (1933). Tout pour l’amour (1933)El asesino vive en el 21 (L’assassin habite… au 21, 1942). El Cuervo (Le corbeau, 1943). En legítima defensa (Quai des Orfèvres, 1947).  Retorno a la vida. (1949)  Retour à la vie (1949) (segmento “Retour de Jean, Le”). Manon. (1949). Miquette et sa mère. (1950) El salario del miedo (Le salaire de la peur, 1953). Las Diabólicas (Les diaboliques, 1954). El Misterio Picasso (Le mystère Picasso, 1956). Los Espías (Les espions, 1957).”Die Kunst des Dirigierens” (1965).  Messa da Requiem von Giuseppe Verdi (1967) (TV) La prisionera (La prisonnière, 1968)

Como actor: Notre Dame de la Croisette. (1981),  Daniel Schmid

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