#LCeMM. Jueves 2 de mayo, 20.00 h: Pocilga, de Pier Paolo Pasolini

Pocilga  (Porcile), de Pier Paolo Pasolini
Italia, 1969. 100′ v.o.s.e.
Ciclo Pier Paolo Pasolini. Integral

Episodio antiguo. Alrededor del 1500 en la isla de Sicilia bajo el dominio español. Un hombre deambula por un descampado y encuentra los cadáveres de unos soldados. Se pone una armadura y mata un soldado que aparece por allí, le corta la cabeza y la echa a un cráter y devora su cuerpo. Otro hombre se junta con el caníbal y atacan a unos peregrinos y luego violan a las mujeres. Después de matar a una mujer y comérsela, su marido denunciará los hechos.

Episodio contemporáneo. En una villa alrededor de Colonia, el joven Julian, único heredero del industrial Klotz, está enamorado de la joven Ida, defensora a ultranza del movimiento estudiantil, y permanece inmóvil durante varios días desoyendo las atenciones de su padre. Klotz manda a su criado Hans Guenther que investigue sobre su rival, Herdhitze, un nuevo rico que se ha hecho a sí mismo. Todo parece indicar que Herdhitze es un criminal nazi.

Cuando Pier Paolo Pasolini realiza Pocilga ya ha alcanzado un considerable status como cineasta extremo y controvertido gracias tanto a su opera prima, Accatone (1961), como a la que sería la pieza clave en su filmografía, El Evangelio según San Mateo (1964). En sus formas cinematográficas se muestra una obsesión por el retrato verista y visceral de la sociedad del momento, de los seres marginados por las clases dominantes y el condicionamiento que les marca el medio en el que se desenvuelven obligándolos a actuar de una u otra manera. Profundamente marxista en sus convicciones y en su visión de la naturaleza humana, el prisma de Pasolini es el de un violento contestatario que utiliza el Arte como una forma de rebelión contra los dispositivos establecidos por la burguesía.

La metáfora de la pocilga se expande hasta resultar un claro grito de alerta ante unas circunstancias pasadas que caen como una losa sobre las nuevas generaciones, involuntariamente condenados a pagar por los errores de sus progenitores (los cerdos que devoran al joven Julian). La crítica de Pasolini se vigoriza cuando pone en tela de juicio la apatía con la que se asume la necesidad de los cambios sociales (el silencio impuesto por el personaje de Ugo Tognazzi en el último plano del film) y la desintegración de los órdenes establecidos (la confesión del joven antropófago incluye el haber matado a su padre, clara muestra del deseo por superar los traumas causados por las viejas generaciones) en una sociedad que, apenas un año antes, había conocido una intentona por materializar dichos cambios en la forma del mayo francés del 68.

Con Pocilga, Pier Paolo Pasolini logra una de sus cimas como creador. Un film fascinante que, a pesar de que no suele figurar entre sus piezas más valoradas, resulta una experiencia única para todo aquel que no sienta reparos a la hora de enfrentarse a las obsesiones más íntimas de un artista absoluto.

Joaquín Vallet Rodrigo/ Cinearchivo

Pocilga/Huele a palomitas       Pocilga/Que grande es el cine      Trailer

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