#LCeM14. Jueves 13 de marzo, 20 h: La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer

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La pasión de Juana de Arco (La Passion de Jeanne d’Arc), de Carl Theodor Dreyer
Francia, 1928. 115’ v.o.s.e.
Juana de Arco según…

El 23 de mayo de 1430 Juana de Arco cayó en manos del Duque de Borgoña. Vendida a los ingleses y arrastrada hasta Rouen (capital de las posesiones inglesas en Francia) fue llevada ante un tribunal eclesiástico. Lord Warwick, el gobernador de la ciudad, escogió a los jurados entre los aliados del Rey de Inglaterra, con el fin de obtener por todos los medios la condena a muerte de Juana y hacerla quemar en la plaza pública.

El director se esforzó desde el principio por obtener absoluta autenticidad. El transcurso de la acción y los textos para los títulos intermedios los tomó de las actas del proceso. Los decorados los hizo construir según el modelo de antiguas miniaturas, no en un estudio cinematográfico sino en campo abierto, fijándose que fueran lo suficientemente sólidos para garantizarle a los actores completa libertad de movimiento. Y practicó una clase muy especial de realismo en la elección de los actores: los escogió en razón de que sus rostros eran semejantes a los personajes que debían interpretar. Pero Dreyer no puso este realismo al servicio de una crónica antigua. Más bien le dio la base segura para que hiciera patente el trasfondo espiritual del proceso, la fe que vive en el hombre y por el hombre. Por esa razón, impresionantes primeros planos fueron su medio estilístico, preponderante en esta película. Dreyer mismo decía: Nada es comparable al rostro humano. Es una tierra que uno nunca se cansa de explorar. Y en esta tierra hizo descubrimientos insospechados. En sus primeros planos se revela el carácter de los personajes que actúan, se ven sus reacciones, se captan sus pensamientos.

La película de Carl Theodor Dreyer es considerada uno de los puntos culminantes de la creación cinematográfica. El director danés quería una nueva realidad creada con los nuevos medios del cine. Se trataba de captar la existencia humana a partir de situaciones básicas, independientes de todo trasfondo. Esta Juana no es una mujer heróica sino una sufriente, la mártir. No es la luchadora por el Rey de Francia sino la derrotada y su lucha mayor es contra el tentador. A éste, el demonio, lo presenta Dreyer en la figura de los jueces. El alma de los personajes se le entrega a la cámara, hasta el punto de que puede decirse que la película es un documental sobre el alma.

Luis Alberto Álvarez. www.uv.es

Carl Theodor Dreyer (1889-1968) – Nació el 3 de Febrero de 1889 en Copenhague y murió allí mismo el 20 de Marzo de 1968. Huérfano desde muy pronto fue educado por padres adoptivos en estricta fe luterana. En 1910, después de unos comienzos frustrados como pianista de café, tenedor de libros de una corporación y empleado de una oficina de telégrafos, se hizo periodista. En 1912 fue contratado por la productora Nordisk como redactor de intertítulos de películas y luego como guionista. En los años siguientes trabajó también como montador, hasta que en 1918 se le permitió dirigir su primera película. El director danés más importante de todos los tiempos rodó su primera película justamente cuando el florecimiento económico del cine danés ya había concluído. De ahí que de catorce películas realizadas entre 1918 y 1964 sólo seis son producciones danesas. Las otras son suecas, alemanas, noruegas y francesas. Pero en las historias del cine de estos países esas películas son cuerpos extraños y asimismo es difícil ponerlas en relación con una determinada época. Ellas no reflejan sino la historia individual de su autor, quien, como pocos, se negó a seguir toda clase de modas o de corrientes. Un tema domina el mundo de Dreyer ante todo: el sufrimiento. Para él no es algo negativo sino la participación del ser humano en la pasión de Cristo. Toda la vida estuvo preparando una película sobre Jesús, que nunca logró realizar. Puede decirse que lo cristiano define por esencia la obra de Dreyer. El influjo de Kierkegaard fue siempre reconocible en su obra. El Mal es una fuerza tan real como el Bien. Satanás esta presente de modo visible en una de las primeras películas del director e invisible pero activo en las grandes obras de madurez. El anciano haría todavía, en 1954 y en 1964, dos de sus obras máximas. Sin embargo su proyecto más acariciado, una película sobre Jesús, no pudo llevarlo a cabo.

La pasión de Juana de Arco/Miradas de Cine    C.Th. Dreyer, un cineasta en el umbral del cine neoclásico/ Comunicación y sociedad

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