#LCeM14. Los cuatrocientos golpes, de François Truffaut (Viernes, 21 de noviembre, 20 h )

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Los cuatrocientos golpes (Les Quatre cents coups), de François Truffaut
Francia, 1959 . 90′. v.o.s.e.
30 años sin Truffaut

Con sólo doce años, Antoine Doinel se ve obligado no sólo a ser testigo de los problemas conyugales de sus padres, sino también a soportar las exigencias de un severo profesor. Un día, asustado porque no ha cumplido un castigo impuesto por el maestro, decide hacer novillos con su amigo René. Inesperadamente, ve a su madre en compañía de otro hombre; la culpa y el miedo lo arrastran a una serie de mentiras que poco a poco van calando en su ánimo. Deseando dejar atrás todos sus problemas, sueña con conocer el mar y traza con René un plan para escaparse.

«Los cuatrocientos golpes es la crónica de una soledad y desamparo. La historia de un niño que palpa el sinsabor del olvido y que busca su propia identidad en el instinto de la libertad. François Truffaut, que comprendió como pocos cineastas lo que ha hecho el sentido de la frustración en la niñez, descubre con fino talento cinematográfico la psicología del desarraigo que anida en el entrañable personaje central de esa dura narración.» (Edmond Orts)

Antoine Doinel es un personaje cinematográfico de ficción encarnado por el actor Jean Pierre Léaud. Fue creado por Truffaut y apareció, por primera vez, en Los 400 golpes y y siguió hasta El amor en fuga. Entre una y otra aparece también en uno de los cortos que componen la película El amor de los veinte años, Besos robados, y Domicilio conyugal. A Doinel lo acompaña el personaje de Christine Darbon, su amiga y después novia y mujer. El papel de Christine lo encarnó Claude Jade.

Toda la saga de Antoine Doinel se presenta de manera progresiva. Primero, los pesares y rebeldías del niño malquerido; enseguida, el corto perteneciente a la película El amor de los veinte años, donde Antoine vive un amor platónico con una muchacha llamada Colette. Después, Antoine en pos de trabajo y de novia, cortejando a una chica formal violinista, Christine Darbon (Claude Jade); en tercer lugar, los avatares de la vida matrimonial con Christine, un embarazo y la irrupción de una japonesita de película. Para finalizar, Antoine, al borde del divorcio de Christine-Claude Jade, se reencuentra con la primera novia, lo que le permite relatar la historia de su vida y sus amores.

Truffaut y sus compañeros de primera hora dan otra vuelta de tuerca a los postulados neorrealistas -a las propuestas de Rossellini en particular- y no sólo dinamitan durante unos años, con películas como Los cuatrocientos golpes, la esclerotizada y vieja narrativa del cine francés, sino que, dando paso a un efecto dominó con ayuda de sus coetáneos ingleses, renuevan por doquier el panorama del cine mundial inyectándole una frescura y una libertad desconocidas que, pese a la regresión sufrida en los años siguientes, todavía colea por todas partes.  (Manuel Hidalgo, Filmoteca de El Cultural)

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