#LCeM1516. La edad de oro de Luis Buñuel (Jueves 17 de diciembre, 19 h)

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La edad de oro (L’âge d’or), de Luis Buñuel
Francia, 1930. 63′
Buñuel en Francia

Después de un prólogo documental sobre las costumbres del alacrán, unos bandidos descubren a un grupo de arzobispos orando en un acantilado. La fundación de la Imperial Roma, celebrada en el sitio donde oraban los clérigos, se ve interrumpida por los lances amorosos de una pareja que es separada. El hombre es conducido a prisión pero logra escapar y se refugia en casa de su amada. Durante una fiesta, la pareja intenta consumar su pasión sin éxito. Finalmente, los sobrevivientes de una criminal orgía, entre los que se encuentra el duque de Blangis, salen del castillo de Selliny.

El éxito de Un perro andaluz (1928) y su aceptación dentro del exclusivo círculo de los surrealistas motivó a Luis Buñuel a realizar una segunda película más audaz que la primera:

“Después de Un perro andaluz, imposible pensar en realizar una de esas películas que ya se llamaban «comerciales». Yo quería seguir siendo surrealista a toda costa.” (Luis Buñuel)

Con esta idea, Buñuel inició los preparativos de La edad de oro sin imaginar que en poco tiempo se vería envuelto en uno de los escándalos más memorables de la historia moderna de París.

La edad de oro fue financiada por el vizconde de Noailles, un sofisticado mecenas que había patrocinado varios proyectos artísticos de vanguardia. Buñuel decidió escribir el guión de la misma manera que el de Un perro andaluz y viajó a Figueras para verse con Dalí.

Muy a su pesar, Buñuel se dio cuenta de que el encanto de su amistad con el pintor catalán se había perdido por completo. A los tres días, fastidiado por los desacuerdos y por la intervención de Gala, la mujer de Dalí, Buñuel decidió poner punto final a la colaboración. Varios años después esta ruptura, amigable en apariencia, tendría efectos devastadores en la relación entre los dos genios. Buñuel terminó de escribir el guión en la finca de verano de los vizcondes de Noailles.

Hoy nadie se escandaliza” le dijo melancólicamente André Breton, poco antes de morir, a Luis Buñuel. Desde el estreno de La edad de oro la sociedad ha encontrado maneras de anular el potencial provocador de una obra de arte adoptando ante ella una actitud de placer consumista. Sin embargo, lo que permanece de La edad de oro no es su valor de provocación, por intenso que haya sido en su época, sino su capacidad para ofrecernos una visión crítica de una sociedad en crisis. Más que un llamado a la revuelta, La edad de oro se ha convertido en un retrato, ácido y poético, de la sociedad del siglo veinte.

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