#LCeM1516 La balada de Narayama, de Shohei Imamura (Jueves 10 de marzo, 20 h)

 

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La balada de Narayama (Narayama Bushi-ko), de Shohei Imamura
Japón, 1983. 130′ v.o.s.e. (japonés)
Maestros del cine japonés (III)

Era una vieja ley del pueblo, de un tiempo tan lejano que ya nadie lo recordaba; Al alcanzar los 70 los ancianos debían abandonar el pueblo para ir a vivir en la cima de la montaña Narayama. Una sentencia de muerte despiadada que sumía en la tristeza y la desesperación a las familias cuando tenían que enviar a sus mayores a la montaña. Orin tiene 69 años y se acerca el momento de partir hacia la montaña, pero todavía tiene que encontrar una mujer a su hijo. Remake de la película “Narayama bushiko”, dirigida en 1958 por Keisuke Kinoshita. Ganó la Palma de Oro en Cannes en 1983

El frío, la tempestad, la nieve, el deshielo, la suciedad, el viento, el hedor que puede llegar a desprender el cuerpo humano, en contraposición al aroma de las flores o al dulzor que desprende el arroz recién hervido, y la fatigosa ascensión hasta el improvisado osario de la montaña, abandonan la pantalla para estremecernos, si cabe aún más, como espectadores del esta sensacional obra de arte cinematográfico. ( Doctor Albeiros. Medicina y cine)

El realizador Shohei Imamura (1926) , uno de los últimos maestros del cine japonés y ganador  en dos ocasiones la Palma de Oro del Festival Cinematográfico de Cannes (Francia), por La balada de Narayama (1983) y La anguila (1997).

Los s críticos han subrayado siempre su humanismo e inconformismo, su amor por los personajes desheredados, olvidados y marginales en el poderoso Japón que resurgió de las cenizas tras la II Guerra Mundial, pero también su deseo de revelar las paradojas y los aspectos más oscuros e irracionales de la sociedad japonesa que había comenzado a cambiar la tradición por el consumismo. Hijo de un renombrado médico, Imamura nació en Tokio en 1926, estudió en los colegios más elitistas de su país, un mundo de privilegiados del que se alejó cuando fue adulto en un proceso paralelo a su interés por las contradicciones históricas de Japón. Tras estudiar Historia en la Universidad de Waseda, en Tokio, tuvo algún acercamiento al mundo del teatro, pero poco después, en 1951, entró en la empresa cinematográfica Shochiku Co.

Comenzó a trabajar en el cine como ayudante del legendario Yasujiro Ozu y con Masaka Kobayashi. Imamura deja una filmografía de más de 20 largometrajes, equiparable a la de cineastas clásicos japoneses como su maestro Ozu, Akira Kurosawa -a quien admiraba profundamente-, y Kenji Mizoguchi. La mayoría de sus cintas son de ficción, aunque también hizo cine documental, en el que se revela claramente su acercamiento antropológico a los temas, como es el caso de la poética La balada de Narayama, de la que hizo una primera versión en 1958.

Realizó sus películas entre 1958 y 2002, aunque casi ninguna de su primera época ha sido estrenada en las pantallas comerciales. Su debut se produjo simultáneamente con el renacimiento de la nueva cinematografía nacional nipona, conocida como “la nueva ola japonesa”, aunque sus compañeros de generación se dedicaron a un cine políticamente más comprometido. El drama social de Deseos robados (1958) fue su primera obra como director. A ella le siguió Mi segundo hermano y La mujer insecto (1963), que le dieron fama internacional. En Deseo pecaminoso (1964) reflejó la vida diaria de mujeres pobres y sin estudios que, para sobrevivir, recurren a la prostitución para sobrevivir, mientras que en la sátira Cerdos y acorazados (1961) retrataba el ingenio y la energía de la gente común.
Como ha sido habitual en las últimas generaciones de realizadores japoneses, Imamura hizo incursiones en el sector de películas porno -porno blando en su caso-, experiencia que le sirvió para hacer la comedia Los pornógrafos (1966), donde cuenta los problemas de un director de este género, entonces ilegal en Japón.

Su condición de maestro del cine no le valió, ya que su productora se arruinó tras financiar Lluvia negra (1989), un fino análisis que con exactitud entomológica estudia los efectos de la radiación nuclear en un pueblo cercano a la ciudad japonesa de Hiroshima. Cuando regresó al cine realizó La anguila, una parábola reveladora de la conducta diferente de los hombres . En los años en que estuvo apartado del cine se dedicó a la enseñanza, otra de sus pasiones, que vio satisfecha cuando en 1975 abrió una escuela de televisión y de cine, que actualmente es la más prestigiosa de Japón y en la que se han formado muchos de los actuales realizadores como el controvertido Takashi Miike, quien comenzó siendo su ayudante de dirección. Eijanaika (Que más da) (1981), Zegen, el señor de los burdeles (1987) –en la que enseñó a Takashi Miike el oficio de cineasta– o Doctor Akagi (1998).
Su última aportación al mundo del celuloide fue un segmento, que rebosa poesía y simbolismo, para el filme, hecho entre varios cineastas, 11-09-01 (2002). Sobre ella comentó: “Todos hemos perdido a algún familiar durante la II Guerra Mundial.

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