Don Quichotte (Georg Wilhelm Pabst) – Viernes 14 de octubre, 18 h

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Don Quichotte (Don Quijote), de Georg Wilhelm Pabst
Francia, 1933. 81′ v.o.s.e
Don Quijote y el cine (I)

Tras un intento previo con Chaplin y Ravel, el legendario bajo operístico ruso Feodor Chaliapin, se puso a disposición de Pabst para esta adaptación. No varió el libreto, redactado por Paul Morand, pero sí se prescindió de Ravel, ya muy enfermo, siendo Jacques Ibert el elegido.

Pabst quiso convertir la aspiración y el desconcierto melancólico del Quijote en un drama memorable. Sin comedimiento, planteó una obra ambiciosa, aunque tuvo que renunciar a muchas secuencias por falta de capital. Tampoco fue fácil su labor con los actores, teniendo que lidiar con el divismo grandilocuente de un Chaliapin que eclipsaba al resto del elenco. En cualquier caso, nos hallamos ante una obra de arte mayor, con exquisitos hallazgos de puesta en escena y libertades bien entendidas con el texto en aras de una narración puramente cinematográfica.

Pabst, Georg Wilhelm (1885-1967).El nombre de este realizador austriaco va unido a la época gloriosa del cine alemán, cuando todavía eran más expresivas las imágenes que las palabras. Para caracterizarlo, Lotte H. Eisner habla, en su libro La pantalla demoníaca, de los comienzos expresionistas de un director de escena ‘realista’: Pabst.

Algunas de sus películas son modélicas, como Bajo la máscara del placer, Misterios de un alma, La caja de Pandora o Diario de una perdida, así como La ópera de los tres centavos. Corresponden a su gran fase creadora, espoleada por su matrimonio con Gertrude Hennings, persona muy bien formada, que fue la de los años veinte y treinta. Con su pericia técnica incomparable, Pabst dio un conjunto de imágenes cautivadoras ya aisladamente, a menudo impresionantes por su fuerza, con lo que hizo que la potencia del cine mudo destacase imborrablemente hasta hoy. Por supuesto, el encadenamiento de las secuencias experimentará un empuje en la etapa siguiente, pero ya muchas de sus escenas, despojadas de gestos superfluos, tienen una gran modernidad.

Como fue sensible a los influjos culturales del momento histórico que vivió, y dado su genio singular, Pabst se convirtió en uno de los realizadores más avanzados del mundo cinematográfico alemán. De hecho, Pabst se interesó por temas intelectuales de su tiempo, lo que le valió el aplauso de los medios culturales; pero eso hizo que su obra haya ido devaluándose en el transcurso del tiempo. La cuidadosa tarea de restauración, lanzada por la alemana Fundación Murnau (pero unida a un esfuerzo internacional, que agrupa a daneses, belgas, franceses, italianos o uruguayos), ha logrado que en el siglo XXI pueda revalorizarse a ese director vigoroso y básico en la cinematografía mundial

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